14/05/2018

Citas de músicos: Carla Bley y la (im)perfección

Foto de Lauren Lancaster / NYT/Redux
“Bueno, pero no vas a llegar muy lejos en el mundo de la música sin algún tipo de defecto.”
Respuesta de Carla Bley a las protestas de perfección del difunto Lew Soloff, citada en este artículo de Ethan Iverson.

08/05/2018

Del jazz y lo sórdido

“El aspecto más peculiar de cualquier conversación en la que salga Chet Baker, es el invariable énfasis en su drogadicción y su muerte. Como si consumir drogas y caerse por una ventana fueran las dos cosas más importantes que hizo en su vida. Pero meterse heroína no convierte a nadie en una leyenda. Y cuánta importancia tiene su caída mortal en realidad, aparte de haber terminado con su vida demasiado pronto. Chet se cayó sólo una vez, mientras que su carrera profesional duró más de 40 años.”
Jeroen de Valk, en Chet Baker, His Life and Music.

¿Quién no sabe, en diversos grados de proximidad, de alcohólicos, drogadictos o maltratadores? En paralelo, ¿quién no tiene en su vida a algún imbécil, estúpido o necio? ¿Los considera personajes reseñables o transcendentes por esos motivos?

Con el jazz y otras artes se da la siguiente paradoja: si la obra de un artista logra transcender su época y su contexto, pero su biografía presenta algún aspecto escabroso, algunos humanos eligen centrarse en esto último. Así, el mérito artístico nos sirve para realzar la podredumbre personal hasta el punto de desentendernos del arte. ¿Quién pierde? Nosotros. Por bobos.

Esto viene a cuento de la pequeña oleada en la prensa española de notas sobre Chet Baker —víctima habitual de esa paradoja— por una nueva reedición (y van...) de varios de sus discos anteriores a 1962 —libres de derechos de reproducción mecánica en la UE— y la publicación casi simultánea de la traducción al castellano de la biografía de James Gavin, uno de los libros disponibles en inglés sobre Baker. Gavin escribe bien, pero no está de más señalar las críticas que se ha llevado por amarillista. Aparte de su tomo, están las memorias de Artt Frank (testimonio de primera mano, merece la pena), el tocho de Matthew Ruddick (840 pp., no lo he ojeado) y mi preferido, el libro del contrabajista holandés Jeroen De Valk. ¿Por qué preferido? Porque se centra en la música (también ha investigado a fondo, ayuda ser local y hablar el idioma, la muerte de Baker en Ámsterdam).

De lo que se ha publicado en la prensa generalista española hay mucho incorrecto, y más discutible. Qué se le va a hacer. Como decía al principio, con el jazz, como con otras artes, nos toca decidir —sin necesidad de ser excluyentes— qué nos importa más, lo sublime o lo sórdido.

Volviendo a Chet Baker, otro malentendido habitual es el presunto paralelismo entre su aspecto físico y la calidad de su música. Cierto, lo del cuarteto con Gerry Mulligan en nueve meses entre 1952 y 1953 es fundamental, pero no puede hablarse de su obra sin al menos catar sus discos de los setenta y posteriores.

Para muestra, un botón: Baker falleció en 1988. Lo del vídeo es un directo del año anterior. Según De Valk, lo mejor que hay de Baker grabado. Ustedes mismos.



Chet Baker          -     trompeta
Harold Danko        -        piano
Hein Van de Geyn    -   contrabajo
John Engels         -      batería

Tokio (Japón), 14 de junio de 1987

23/11/2017

Por amor de George


George Avakian, Coleman Hawkins y Sonny Rollins
Newport Jazz Festival, 6 de julio de 1963
©Burt Goldblatt/CTS Images
Ha fallecido George Avakian a los 98 años. Su vida ha sido larga y fructífera. Para nosotros, melómanos, lo que importa es que fue un productor discográfico y un pionero en lo suyo, además. Bosquejar un resumen justo de su carrera resulta casi imposible y el lector notará que, con frecuencia, la atención se centra en menos de una década, desde 1950 —cuando produjo el Famous 1938 Carnegie Hall Jazz Concert de Benny Goodman— hasta 1958, cuando dejó Columbia Records. No todas las épocas merecen la misma atención, y aquellos años fueron muy intensos para Avakian: fichó y elevó al estrellato a Dave Brubeck, Erroll Garner y un tal Miles Davis, y relanzó las carreras de Louis Armstrong y Duke Ellington. Antes de llegar a ese punto, estableció —o contribuyó a establecer— los conceptos del álbum de jazz y de la reedición de viejas grabaciones, el paradigma en el que seguimos moviéndonos. Tras esos años agitados en Columbia, entre otras cosas produjo el regreso de Sonny Rollins empezando por The Bridge, todas las grabaciones de estudio de Paul Desmond con Jim Hall —un LP en Warner Bros., el resto en RCA— e inauguró las carreras de Charles Lloyd y Keith Jarrett. Insisto, este resumen no le hace justicia (y la estupenda base de datos de Discogs.com apenas araña la superficie).